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Salvaguardia

viernes, 08 de mayo del 2009 a las 18:16
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Raquel comenzó a ascender lentamente las tortuosas escaleras del edificio. Era uno de esos bloques hoscos y antiguos que habían nacido sin personalidad y apelotonados como racimo de uvas a principios de siglo. Ahora, las nuevas políticas sociales de reclusión habían convertido esos barrios en las ratoneras apestosas en las que se ocultaban y trapicheaban maleantes, extorsionadores, asesinos y demás chusma malintencionada. Quizás también habría algunas familias que no tenían más remedio que seguir allí como castigo a un oculto paroxismo del destino, pero serían las menos el que quería siempre podía salir de un agujero.

Llegó hasta el tablero de madera ennegrecida que hacía las veces de puerta y lo golpeó con el puño enguantado. Su estética, pulcra e inmaculada, desentonaba con el ambiente de degradación que se respiraba en aquel sucio antro.

- ¿Si? - escuchó al otro. ¿Cómo decirle a aquella mujer centenaria que la última de sus nietas había muerto en una reyerta sin sentido al otro lado del canal?, allí donde las vidas sí tenían sentido y el orden lógico de las cosas imponía llorar a los muertos.

- Señora Rodríguez, soy Raquel Rival salvaguardia de Noelia.

- Mi nieta no está, señora Rival - musitó una voz que a fuerza de dolor se había vuelto hiriente - hace dos días que no viene a dormir.

- Le importaría dejarme entrar, necesito hablar con usted.

Maldita sea, ¿por qué tendrían que haberle impuesto aquel trabajo? Era sucio, desagradable, y con pocos beneficios. Y encima esto. Una maldita yonqui quinceañera muere por una bala perdida en la única reyerta en años al otro lado del canal y debe ser ella la que le entregue a su abuela las pocas pertenencias que llevaba en los bolsillos. Mierda de trabajo.

- Señora Rodríguez, por favor.

Como única respuesta Raquel escuchó el sonido de un soporte que se liberaba. Lo conocía bien. Ya había estado en aquella casa un par de veces y le había llamado la atención aquello, en lugar de cerrojos, al carecer el tablero de conexión alguna con la jamba de la puerta, este se encontraba atrancado por dentro al estilo de los antiguas fortalezas medievales (maravilloso resultado de una política social, instaurada por el último gobierno, de arrancar las puertas de las casas vacías para que los ocupas no pudieran pegarle la patada... facilitar las cosas evitaba problemas).

Raquel empujó el tablero lo necesario para que su estilizada figura cupiera por la abertura y, una vez dentro, volvió a cerrar rápidamente. Era peligroso mantener las entradas sin protección.

Un tiroteo lejano se escuchó en el momento en el que las dos mujeres cruzaban sus miradas, la de Raquel suplicando un perdón que aún no había pedido y la de la anciana distante, conocedora quizás de que aquella visita no era como las anteriores.

La señora Rodríguez se sentó en una raída butaca aterciopelada ante una mesa en la que descansaban dos patatas y un cuchillo. Con un sucio pañuelo se limpiaba el ojo izquierdo que, desde que ella la conociera, nunca había dejado de llorar. En esta ocasión le haría falta de verdad.

- Señora Rodríguez - dijo Raquel. La voz le temblaba. Era incapaz de serenarse. ¿Cómo había podido pasar aquello? - Señora Rodríguez - volvió a decir, no lo entendía ni ella, cómo podía siquiera intentar explicarlo - su nieta ha muerto.

La mujer no se inmutó, por el contrario el ojo izquierdo dejó de lagrimear y se posó en ella, frío, despiadado.

- ¿Ha entendido lo que le he dicho señora?

- Sí, lo he entendido - respondió la mujer - ¿cómo ha sido?

- Hubo una pelea en el canal - mintió - tiros. Una bala perdida alcanzó a Noelia mientras la acompañaba hacia aquí.

- ¿En el canal?

- Sí, ya habíamos cruzado. Yo traía a Noelia de vuelta cuando...

La anciana no le dejó terminar la frase.

- No me mienta - dijo respirando profundamente - aunque no lo crea, a este lado del mundo también corren las noticias, quizás incluso más rápido que en el suyo, pues no hay quién nos las oculte o nos las imponga.

Raquel se llevó las manos a la cara y apretó sus ojos con las palmas. - Está bien - dijo al fin - el tiroteo ha sido en el otro lado. Su nieta cruzó sin permiso y yo la traía de vuelta.

- ¿Y ya está? ¿Eso es todo lo que tiene que decirme?

Raquel se acercó a la mesa y colocó sobre ella los objetos personales de Noelia, un MP6 y una navaja con empuñadura de nacar.

- Esto es todo lo llevaba su nieta encima, supongo que lo habría robado para colocarse. Al fin y al cabo eso es lo que hacen los yonquis.

La anciana no contestó. Con un esfuerzo sobrehumano se levantó, tomó las patatas, el cuchillo y los objetos de Noelia y fue hacia la cocina. Raquel la siguió con la mirada. Aquella mujer había sobrevivido a cinco hijos y quince nietos para finalmente morir sola... y en parte era culpa suya. La vida era asquerosa.

La mujer volvió con las manos metidas en el delantal de cuadros y se dirigió a la ventana.

- Mire - dijo señalando hacia la calle con la cabeza

Raquel se acercó y ambas contemplaron un pequeño parque infantil que se oxidaba sin niños.

- Ahí la vi por última vez - dijo.

- Lo siento Señora Rodríguez

- ¿Sabe qué?

- ¿Qué? - preguntó Raquel.

La anciana sacó la navaja de su nieta del sucio delantal y la clavó en el costado de Raquel. La joven quedó petrificada por el dolor y el miedo y, lentamente, volvió su cabeza hasta cruzar su mirada con la de la mujer. Las dos lloraban.

- Que sería incomprensible que, siendo usted su salvaguardia, ella muriera y usted continuara con vida.

Polvo al polvo

martes, 05 de mayo del 2009 a las 13:03
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- ¿Qué haces?

- Limpiar el mundo... con eso de morir no echamos más que polvo.

Mara

jueves, 23 de abril del 2009 a las 15:33
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MARA

 

La pequeña damita hurgó con su dedo índice en el minúsculo orificio de su redondeada barriga. Con un poco de asco extrajo de su interior una bolita de pelusa grisácea que observó con detenimiento.

Tras varios segundos de desconcierto, corrió junto a su padre con aquella pelotita en alto, quizás con miedo a pensar que aquel ente extraño que había sacado de su ombligo hubiera crecido en ella como una planta en una maceta.

- Papa - dijo mostrándole la pelusa - mira lo que tenía en  el ombligo.

Raúl sonrió. Era increíble como había crecido Mara en los últimos meses, parecía que por las noches unos duendes traviesos la estiraran en su cama.

Apartó la imagen de Ángela de la cabeza, aunque sabía que era imposible no pensar en ella a cada instante, la niña se le parecía tanto. El dolor acuciante de la pérdida volvió con aires renovados y le arrancó varias lágrimas que rodaron por las mejillas camino de la espesa barba. Debía tener más cuidado al lavarla. 

- Papá ¿por qué lloras?

- Por la pobre pelusa - dijo Raúl con un susurro - los ombligos de las niñas pequeñas son los sitios más cómodos y confortables para crecer y ellas lo saben. Esta mañana la he visto al bañarte, me sonreía y, con una de sus pequeñas manitas me saludaba. "Déjame aquí, por favor" Tú no la has escuchado porque en ese momento tenías la cabeza debajo del agua y te tapaba los oídos. A mi me ha dado lastima, era tan pequeña... y he pensado que sería bonito tener una pelusa como amiga. Pero ya veo que tú no eres de la misma impresión.

Mara lo miró extrañada e hizo el típico gesto de locura con su índice regordete y él comprendió, por mucho que le doliera, que su pequeña había comenzado a hacerse mayor.

Al caminar

miércoles, 12 de noviembre del 2008 a las 19:02
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Al caminar desatas la tormenta que

Como estandarte de muerte

Recorre el mundo que ya no vivo

Al caminar

Ya digo

Desencadenas la tempestad

Que hace zozobrar

Mi alma entre tus recuerdos

El mundo es sólo mundo

Y no basta para contener el llanto

Existo anclado a ti

Descuido tu recuerdo

lunes, 30 de junio del 2008 a las 19:25
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Descuido tu recuerdo.

Al principio,

cuando te tenía tan presente

que tu olor

vagaba por las estancias

y se conservaba,

indeleble al tiempo,

en las sábanas mil veces lavadas,

creí que fuera imposible olvidarte.

Al principio

todo eras tú.

La luz que se reflejaba

al despuntar el alba

o al morir el día,

algún ruido

que escapaba al entendimiento

y que ahora,

o quizás ahora ya no tanto,

asocio a un intento vano de comunicación.

El recuerdo de ilusiones

que deseché al perderte,

todo era un tú continuo.

Después,

Poco a poco,

fuiste difuminándote,

ocultándote cada vez más,

temerosa, quizá,

de que no te concediera esas alas

que con tanto ahínco buscaste

e intentara aferrarme a algo,

cualquier cosa.

Pero ya ves,

te dejé tus alas,

y echaste a volar.

Yo, a escondidas,

Conseguí coserles una cinta intangible,

de esas que sólo el amor perdido compra

y es que

tú quisiste convertirte en ángel

y yo sólo te permití

cometa.

Pero algún día soltaré tanto hilo

que no podré recoger tu recuerdo

y tus alas batirán

fuerte contra el cielo,

a sabiendas de que las mías

no me llevarán nunca a tu destino.

A CIEGAS

martes, 10 de junio del 2008 a las 22:57
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Lucho a ciegas,

a brazo partido,

cual Quijote urbano,

contra las inmensas moles de angustia

que hastían mi alma.

 

A veces,

sólo a ratos,

contemplo los molinos etéreos,

macilentos y rubicundos

e imagino que,

alguna vez,

quizá fueron personas

¿o era al contrario?

 

A veces,

ya digo,

sólo a ratos,

soy elevado por las aspas de la desidia

y me gustaría caer al olvido,

pero únicamente

caigo a mi mismo.

PANORAMICA

jueves, 29 de mayo del 2008 a las 14:08
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Observar la vida,

las vidas,

los recuerdos olvidados que,

algunas veces,

afloran a la memoria

como enormes geisers decapitados.

Verlo todo desde arriba

 desde lo alto

lo más alto,

más allá de la falsedad

de las mentiras,

de la iniquidad de los sentidos.

Mirar,

desde un obscuro cielo encapotado

como se ocultan, en la mal diluida

Atmósfera metropolitana,

los deleites y las perversiones

la desidia.

Desentrañar su sentido,

alguno,

cualquiera me vale

para descubrir lo que

hace siglos que conozco.

 

Yo no suelo hacerlo,

no suelo mirar desde el cielo,

me da miedo reconocer

mi verdadera forma

oculta en el envés de una hoja polvorienta.

Prefiero el ras de las calles,

la perspectiva sesgada

que dan unos palmos de altura,

la información a medias...

Pero que se le va a hacer,

ya veo la tierra desde el cielo,

ya me fundo

y confundo,

como tantos otros sueños frustrados,

en la mal diluida

Atmósfera metropolitana.

Las dos orejas; y entre ellas, aire...

martes, 27 de mayo del 2008 a las 18:48
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El héroe se preparaba ante el tambaleante monstruo para asestarle el golpe de gracia y dedicárselo a los aldeanos. De pronto la fiera, en un último esfuerzo, levantó la cabeza y, recordando a Borges, profetizó:

 

            -En nombre de Asterión, atravesaré tu cobarde cuerpo como debió hacer él con Teseo.

 

Tras la promesa cumplida, el torero, moribundo, era llevado a la enfermería. Entretanto, los espectadores lloraban su fatal suerte mientras maldecían al toro.

Sólo yo sonreía a la vez que, con una amarga lágrima, me despedía profundamente del noble animal.

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Comentarios

Salvaguardia (Maryro)
Miguel!!! excelente... la verdad es quew hacia ya tiempo que no disfrutaba de tus escritos, ......(02 jun)
El sentido de los sentidos (francisco)
q bonito es lo q escribiste sigue asi!...(27 may)
La Palabra (M. Carrión)
gracias Janeth Alely por tu bello comentario......(11 sep)
La Palabra (Anónimo)
PUTOS...(10 sep)
La Palabra (janeth alely)
es un ASCO OK...(10 sep)

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