A CIEGAS
Lucho a ciegas,
a brazo partido,
cual Quijote urbano,
contra las inmensas moles de angustia
que hastían mi alma.
A veces,
sólo a ratos,
contemplo los molinos etéreos,
macilentos y rubicundos
e imagino que,
alguna vez,
quizá fueron personas
¿o era al contrario?
A veces,
ya digo,
sólo a ratos,
soy elevado por las aspas de la desidia
y me gustaría caer al olvido,
pero únicamente
caigo a mi mismo.



