El desierto del alma
Sarcasmo a parte,
Muero.
Mi alma se agota
por ramales olvidados
de sueños arrancados
de mentes disolutas.
Mi espíritu sucumbe
ante el estallido inusitado y perverso,
de las pequeñas sanguijuelas
chupavidas
de esta sociedad.
El sol ya no arroja
suficiente luz
a los recuerdos de mi infamia.
Sólo los flexos,
de potentes bombillas
carcinógenas,
son capaces de alumbrar
este desierto del alma.



