Emparedada
Debe ser horrible morir emparedado. Arañar el muro de fría piedra, con las uñas primero, con los dedos descarnados que dejan los huesos al desnudo después, entre terroríficos alaridos de angustia, desesperación... incomprensión.
Debe ser espantoso saberse conocedor de una suerte funesta y aterradora.
Deber ser terrible sentirse sediento y hambriento y no tener nada más que tu propia carne para llevarte a la boca.
Debe ser escalofriante escuchar los gritos de terror al otro lado de la pared.
Debe serlo... por eso, tras emparedar a mi esposa en la casa solariega, alejada hasta lo indecible del mundanal ruido, cerré la puerta con llave y decidí no volver nunca por aquellos malditos lares.



